Llega un punto en que nosotros no sabemos vernos. Ese momento cuando todos nos han pasado por encima diciéndonos quiénes somos, y nosotros, ya cansados de escuchar lo mismo, lo creemos.
Ese es el punto donde ya no existe el yo, donde nos molesta estar solos y el silencio lastima a fuerza de los pensamientos.
Y yo digo basta, me rebelo a ser yo misma y no lo que quieren que sea, grito lo que amo y dejo de lado lo que aborrezco, aprendo a confiar solo en mí y me doy cuenta que la única perfección posible, es la de vivir siendo nada más que yo. Ese es el momento, en que sin decir nada, soy feliz.


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